Una vez al año, nos reunimos la gran camada familiar, en la cual yo soy la única que tiene rabo, para comer todos juntos y celebrar una fiesta que llaman “Navidad”.
Acostumbrada a la paz de mi casa, este día es estresante para mi, ya que hay muchos niños humanos y todos me achuchan (excepto uno, Jordi, que me tiene pánico), lo que hace que acabe mal de los nervios y agotada, ya que no puedo hacer mis cuatro o cinco siestas diarias.
De todas formas, quien sale mas mal parado es el pobre señor Tronco, que con su grandes ojos y dura piel verde sufre los maltratos de todos los humanos pequeños.
El señor Tronco
Como el pobre estaba solo me puse a descansar a su lado, compartiendo la manta que lo cubría.

El señor Tronco y yo.
Y como no, cada año me tienen que hacer la típica foto con la gorra de Papa Noel, pero me la saco rápidamente. Si quieren hacer el ridículo, que se la pongan ellos.

Estrella con gorra.
Después de la comida es cuando el señor tronco recibe las palizas. Al ritmo de una canción, los pequeños humanos le dan una buena tanda de bastonazos y el pobre señor Tronco se ve obligado a excretar regalos que salen de su trasero bajo la manta.

Cachorros humanos apalizando.
Para amansar a la fieras, la fiesta suele acabar con música que toca el tío Blai con un instrumento que tiene muchos botones y teclas. Tras esto, al fin se desbanda la gran camada y todo vuelve a la normalidad.

Tío Blai y su música
Las navidades son agotadoras........
!Gu-Guau!








